La vida en un párrafo.
Se dice que para sorprender a
alguien es mejor sacar lo mejor de ti, tus más grandes virtudes, acciones, triunfos
y ¿por qué no?, narrar alguna que otra meta o sueño logrado; sin embargo, yo
pretendo dejar en un párrafo algo de mí, esa parte genuina que a veces perdemos
por querer ser otros, así tal vez, mi experiencia te pueda servir o quizás no, lo
importante es que yo no te mostraré mis logros al contrario escribiré un poco
de lo que he aprendido de mí misma reflejado en un papel.
“Mari” mis padres querían llamar a su hija en diminutivo por ello estuvieron pensando nombres para llamarme así, hasta que un día encontraron “Maricela” sin un significado específico, pero que resultó ser una hermosa dualidad inminente, ¿por qué hablo de mi nombre? porque mi nombre describe lo que quieres saber de mí.
"Maricela" es lo primero que
escuché cuando por azares de la vida tuve que hacerme cargo de mis padres y de
mí misma porque ellos habían enfermado; en aquel entonces conseguí un trabajo en
una empresa de autopartes me encargaba de contratar personas para trabajar en
hornos de fundición, no sé si alguna vez hayan experimentado lo que es
simplemente estar cerca de un horno metalúrgico, pero lo puedo describir y es
como estar en el infierno te quema hasta el alma y los trabajadores lo vivían
todos los días a cambio de unos cuantos pesos, “2,400” a la catorcena para ser
exactos, ¡vaya tarea! ¿Quién quisiera trabajar allí, si las condiciones eran deplorables?
Nadie, sólo personas con una gran necesidad lo harían y claramente cada día veía
la realidad en México, personas esperando algunos pesos a cambio de sus vidas.
“Maricela” pronunció un señor por
la calle, él estaba buscando a la persona que le podría dar trabajo, aunque él
no era apto para ello, su insistencia y sus ganas me hicieron darle una
oportunidad. Al salir de su turno lo vi con el uniforme, la cara negra y las
manos cubiertas de llagas pues el metal de la fundición había provocado
lesiones en él, entonces le pregunté que por qué lo hacía y me dijo: “estas
llagas van a pagar la educación de mi hijo”, en ese momento me di cuenta de una
parte vital de la vida, del amor, de esa parte que mueve a algunas personas y
las obliga a mirar atentamente al otro tal y como es; por eso quiero ayudar a
las personas y que mejor profesión para elegir que enfermería algo noble cuya
fuente principal es el amor a otro ser humano, así quizás cuando vuelva a
escuchar “Maricela” sea porque ayudé a alguien. Y con ello espero poder cambiar
un poco el sistema, a México o a quien este leyendo esto.
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