lunes, 15 de enero de 2018

La vida en un párrafo.




La vida en un párrafo.


Se dice que para sorprender a alguien es mejor sacar lo mejor de ti, tus más grandes virtudes, acciones, triunfos y ¿por qué no?, narrar alguna que otra meta o sueño logrado; sin embargo, yo pretendo dejar en un párrafo algo de mí, esa parte genuina que a veces perdemos por querer ser otros, así tal vez, mi experiencia te pueda servir o quizás no, lo importante es que yo no te mostraré mis logros al contrario escribiré un poco de lo que he aprendido de mí misma reflejado en un papel.



“Mari” mis padres querían llamar a su hija en diminutivo por ello estuvieron pensando nombres para llamarme así, hasta que un día encontraron “Maricela” sin un significado específico, pero que resultó ser una hermosa dualidad inminente, ¿por qué hablo de mi nombre? porque mi nombre describe lo que quieres saber de mí. 


"Maricela" es lo primero que escuché cuando por azares de la vida tuve que hacerme cargo de mis padres y de mí misma porque ellos habían enfermado; en aquel entonces conseguí un trabajo en una empresa de autopartes me encargaba de contratar personas para trabajar en hornos de fundición, no sé si alguna vez hayan experimentado lo que es simplemente estar cerca de un horno metalúrgico, pero lo puedo describir y es como estar en el infierno te quema hasta el alma y los trabajadores lo vivían todos los días a cambio de unos cuantos pesos, “2,400” a la catorcena para ser exactos, ¡vaya tarea! ¿Quién quisiera trabajar allí, si las condiciones eran deplorables? Nadie, sólo personas con una gran necesidad lo harían y claramente cada día veía la realidad en México, personas esperando algunos pesos a cambio de sus vidas. 

“Maricela” pronunció un señor por la calle, él estaba buscando a la persona que le podría dar trabajo, aunque él no era apto para ello, su insistencia y sus ganas me hicieron darle una oportunidad. Al salir de su turno lo vi con el uniforme, la cara negra y las manos cubiertas de llagas pues el metal de la fundición había provocado lesiones en él, entonces le pregunté que por qué lo hacía y me dijo: “estas llagas van a pagar la educación de mi hijo”, en ese momento me di cuenta de una parte vital de la vida, del amor, de esa parte que mueve a algunas personas y las obliga a mirar atentamente al otro tal y como es; por eso quiero ayudar a las personas y que mejor profesión para elegir que enfermería algo noble cuya fuente principal es el amor a otro ser humano, así quizás cuando vuelva a escuchar “Maricela” sea porque ayudé a alguien. Y con ello espero poder cambiar un poco el sistema, a México o a quien este leyendo esto.






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